Gatos y calor extremo: el peligro del que nadie habla

Un gato doméstico naranja atigrado descansando cuan largo es sobre un suelo de baldosas frescas en una casa de Zaragoza durante una ola de calor extremo.

Parece que fue ayer cuando nos quejábamos del viento. De repente, Zaragoza se ha transformado en una auténtica sartén. Salimos a la calle y el aire pesa. Las aceras queman. El termómetro nos recuerda que el verano aragonés no da tregua.

En estos días de calor asfixiante, las redes sociales se llenan de advertencias para nuestros amigos caninos. Hablamos de las almohadillas que se abrasan con el asfalto. También de evitar el ejercicio en las horas centrales del día. Recordamos la necesidad de pasear a primera o última hora.

Sin embargo, en medio de todo este ruido protector, suele haber un gran ausente. Nos preocupa enormemente la situación de los gatos.

Nos referimos a esos pequeños felinos que nos observan desde la ventana. Demasiado a menudo nos olvidamos de ellos. Asumimos que están completamente a salvo dentro del hogar al no salir a pasear.

Existe la falsa creencia de que disfrutan del calor extremo. Se piensa que lo toleran sin pestañear porque descienden de animales del desierto. Pero la realidad de un piso cerrado en plena ola de calor es muy distinta.

Quienes compartimos nuestra vida con ellos queremos su máximo bienestar. Sabemos que sufren el termómetro tanto o más que nosotros. Además, lo hacen en un silencio absoluto.

El amor por los gatos nos impulsa a alzar la voz por ellos en estos días tan duros. Su forma de gestionar las altas temperaturas es compleja y delicada. No debemos confiarnos.

Foto de Engin Akyurt en Pexels

¿Cómo gestionan los gatos el calor? La ciencia tras su bienestar

A diferencia de los humanos, los gatos no tienen la capacidad de sudar por todo el cuerpo para refrescarse. Ellos dependen de sus almohadillas, de la saliva que dejan sobre su pelaje al acicalarse y, en casos de verdadera emergencia, del jadeo. Cuando el ambiente doméstico supera ciertos límites, estas herramientas naturales se quedan muy cortas. De hecho, la ciencia respalda esta preocupación que vivimos cada verano en las clínicas y tiendas especializadas.

Un exhaustivo estudio sobre el golpe de calor en pequeñas mascotas de la Universidad de Nottingham Trent, publicado en la revista científica The Veterinary Record, analizó los casos de golpe de calor en animales de compañía, revelando datos que deberíamos tener muy en cuenta.

Aunque los perros registran un mayor número total de casos debido a la actividad física, la investigación demostró que los gatos que sufren un golpe de calor dentro de las viviendas tienen una tasa de mortalidad alarmantemente alta, alcanzando casi el doble de gravedad si no se detecta a tiempo. Los investigadores de este proyecto clínico explican que el gran peligro para los felinos no es el ejercicio, sino el confinamiento involuntario y la falta de ventilación. Al ser animales «buscadores de calor», en verano suelen meterse a cotillear o dormir en zonas que se vuelven trampas mortales si nos despistamos, como galerías cerradas, terrazas, armarios, trasteros o habitaciones sin corriente de aire. Una vez encerrados, su temperatura corporal sube de forma descontrolada sin que puedan escapar.

Para evitar que lleguen a una situación tan extrema, la prevención y el mimo diario son nuestras mejores armas. Lo primero en lo que debemos enfocarnos es en romper su habitual desgana a la hora de beber agua. El gato, por naturaleza, es un animal que ingiere pocos líquidos, lo que en verano puede pasarles factura muy rápido. Para ponérselo fácil, podemos distribuir varios cuencos de agua fresca y limpia por diferentes habitaciones, asegurándonos de que nunca estén cerca de su bandeja de arena. Pero si hay un truco que nunca falla y que además refuerza ese vínculo tan bonito que tenemos con ellos, es recurrir a la hidratación divertida a través de la alimentación húmeda.

En estos días de bochorno, los famosos Churu se convierten en los salvavidas estrella de la despensa. Estas golosinas semilíquidas no solo les vuelven locos por su palatabilidad, sino que suponen un chute extra de humedad crucial para sus riñones. Un truco maravilloso respaldado por los propios expertos en bienestar felino es meter los sobres de Churu en el congelador o en la nevera antes de ofrecérselos. De este modo, se toman un helado felino delicioso, refrescante y saludable que reduce su temperatura corporal desde el interior mientras se entretienen y disfrutan de su momento favorito del día.

Un gato feliz lamiendo un snack líquido Churu directamente del sobre, una forma deliciosa y refrescante de mejorar la hidratación felina en verano.

Protección solar para gatos: zonas vulnerables ante los rayos UV

Además de la hidratación, el sol directo plantea otro riesgo del que se habla muy poco: las quemaduras solares. Solemos pensar que su maravilloso manto de pelo los protege de todo, pero hay zonas extremadamente vulnerables que quedan desnudas ante los rayos ultravioleta.

Las puntas de las orejas, la nariz, los párpados y la zona de la barriga en los gatos que disfrutan de tumbarse panza arriba reciben un impacto solar directo, especialmente si tienen la piel clara o el pelaje blanco.

Estas quemaduras no solo son dolorosas, sino que con el tiempo pueden derivar en problemas dermatológicos mucho más serios, como el carcinoma de células escamosas. Por eso, si a tu compañero le fascina sestear junto a la ventana o en la terraza, proteger su piel es un acto de amor imprescindible.

Aplicar una capa fina de una crema solar específica y segura para ellos, como Heliovet, marca una diferencia tremenda. Está formulada especialmente para su tipo de piel, no resulta tóxica si se lamen un poco y actúa como un escudo invisible para que sigan disfrutando de sus rayos de luz diarios sin ningún peligro.

Síntomas del golpe de calor en gatos y señales de alarma

Cuidar de un gato en verano es, en el fondo, aprender a observar esos pequeños detalles de su comportamiento que nos indican cómo se sienten. Es vital saber identificar las señales de alarma, porque un gato no avisa igual que un perro.

Si ves que tu gato jadea o respira con la boca abierta, ponte en alerta roja de inmediato: el jadeo en un gato nunca es normal y suele indicar que está sufriendo un estrés térmico muy grave. Del mismo modo, vigila si muestra un aletargamiento excesivo, confusión o si está tan profundamente dormido que te cuesta despertarlo o no responde a sus premios favoritos.

Ante la más mínima sospecha de un golpe de calor, muévelo a una zona fresca, humedece su cuerpo y patitas con agua templada (nunca helada para evitar un choque térmico) y ponte en contacto urgente con tu veterinario.

En casa, podemos ayudarles en el día a día manteniendo las persianas bajadas en las horas punta, asegurándonos de revisar bien las habitaciones antes de cerrar las puertas para que ninguno se quede atrapado, y dejando a su disposición zonas frescas como suelos de baldosa o toallas húmedas.

Nuestros felinos nos regalan su compañía, su elegancia y ese amor tan único y sutil que llena nuestros hogares. Devolverles ese cariño protegiendo su salud cuando el termómetro aprieta es lo mínimo que podemos hacer por ellos. No los dejemos en el olvido este verano; ellos también necesitan que estemos pendientes, que refresquemos sus días y que vigilemos sus horas de descanso. Si tienes dudas sobre cómo adaptar la rutina de tu compañero o quieres descubrir más formas de mantenerlo fresco y feliz, sabes que las puertas de nuestra tienda están siempre abiertas para asesorarte con todo el amor del mundo. ¡Mucho ánimo con el calor de estos días y a cuidar muchísimo de los reyes de la casa!

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